¡Hola, queridos lectores! Hoy quiero compartir con vosotros una reflexión sobre una de mis historias favoritas de la Biblia: la lectura del camino de Emaús. Esta parábola nos muestra cómo Jesús se revela a dos de sus discípulos después de su resurrección, y cómo ellos lo reconocen al partir el pan. Es una historia llena de esperanza, de fe y de amor.

La parábola de Emaús.

La parábola se encuentra en el capítulo 24 del Evangelio de Lucas. Los dos discípulos iban caminando hacia el pueblo de Emaús, que estaba a unos once kilómetros de Jerusalén. Iban conversando sobre todo lo que había pasado en esos días: la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús. Estaban tristes y confundidos, pues no entendían cómo había sido posible que el Mesías sufriera tanto y fuera crucificado.

Mientras caminaban, se les acercó un hombre que les preguntó qué estaban hablando. Ellos se detuvieron con semblante triste y le dijeron: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí en estos días?» El hombre les dijo: «¿Qué cosas?» Y ellos le contaron todo lo que había sucedido con Jesús, desde su predicación hasta su sepultura. También le dijeron que algunas mujeres habían ido al sepulcro y habían visto ángeles que les anunciaron que Jesús estaba vivo, pero que ellos no lo habían visto.

Entonces el hombre les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?» Y comenzó a explicarles todo lo que decían las Escrituras sobre él, desde Moisés hasta los profetas. Los discípulos se quedaron maravillados y atentos a sus palabras.

Cuando llegaron a Emaús, el hombre hizo como que iba a seguir adelante, pero ellos le rogaron que se quedara con ellos, pues ya era tarde y el día se acababa. Él accedió y entró en la casa donde se hospedaban. Se sentó a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. En ese momento, los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron. Era Jesús. Pero él desapareció de su vista.

Los discípulos se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» Se levantaron al instante y regresaron a Jerusalén, donde encontraron a los once apóstoles y a los demás reunidos. Les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Esta parábola os enseña varias lecciones importantes para vuestra vida cristiana. La primera es que Jesús está siempre con nosotros, aunque no lo veamos ni lo sintamos, Él camina a nuestro lado, nos escucha, consuela, ilumina y nos alimenta con su palabra y con su cuerpo. La segunda, es que debemos estar atentos a su voz, que nos habla a través de las Escrituras. La Biblia es la carta de amor que Dios nos ha dejado para guiarnos y revelarnos su plan de salvación. La tercera, es que debemos compartir nuestra experiencia de fe con los demás, y vivirla en comunidad, especialmente con los que estáis tristes o desanimados. Nuestro testimonio puede ser una luz que os ayude a encontrar a Jesús y a recuperar la alegría.

El retiro de caminantes a Emaús.

El retiro de Emaus es….

Queridos lectores, os invito a leer esta lectura con atención y a meditar en su mensaje. Pidamos al Señor que abra vuestros ojos para reconocerlo en nuestro camino, que abra vuestros oídos para escucharlo en su palabra, y que nos abra el corazón para amarlo en nuestros hermanos. Que la paz de Cristo resucitado sea con todos vosotros. Cristo ha resucitado, en verdad ha Resucitado! Hasta la próxima.

Evangelio según San Lucas 24,13-35.

13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17 El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»

19 El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23 y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»

25 El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!

26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31 Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32 Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» 33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 34 que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» 35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

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